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La democracia por sorteo: una alternativa ciudadana por descubrir

El sorteo aplicado a la política se refiere a la selección aleatoria de ciudadanos ordinarios para participar en una asamblea o un panel encargado…

Groupe de citoyens tirés au sort réunis autour d'une table lors d'une assemblée citoyenne démocratique
5 min

El sorteo aplicado a la política designa la selección aleatoria de ciudadanos ordinarios para participar en una asamblea o un panel encargado de formular recomendaciones sobre un tema específico. Este mecanismo, utilizado en la democracia ateniense para designar a los miembros de la Boulè, ha reaparecido desde los años 1970 en diversas formas: jurados ciudadanos, convenciones, comisiones deliberativas. Su regreso al debate público acompaña una desconfianza creciente hacia las instituciones representativas clásicas.

Funcionamiento concreto del sorteo ciudadano

El principio se basa en una selección aleatoria dentro de la población, a menudo estratificada para reflejar la diversidad sociodemográfica (edad, género, lugar de residencia, nivel de educación). Las personas seleccionadas no se postulan: son invitadas, y su participación es voluntaria.

Una vez constituido el panel, los participantes siguen un ciclo de formación y deliberación. Expertos intervienen para presentar los datos técnicos del tema tratado. Los ciudadanos debaten luego en pequeños grupos antes de formular recomendaciones colectivas.

Este formato se distingue del referéndum o de la encuesta de opinión. El sorteo produce una deliberación informada, no una respuesta espontánea a una pregunta cerrada. Los participantes disponen de varias semanas, a veces varios meses, para apropiarse de un expediente complejo. Recursos documentales sobre este mecanismo se compilan en sortition.net, que recopila trabajos académicos y experimentaciones de todo el mundo.

Mujer presentando un sorteo en un bol de vidrio durante una ceremonia de selección ciudadana

Asambleas ciudadanas en Francia y Bélgica: dos modelos distintos

La Convención ciudadana por el clima, lanzada en Francia en otoño de 2019, reunió a 150 ciudadanos seleccionados al azar. Su mandato: proponer medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. El gobierno se comprometió a retomar sus recomendaciones, ya sea de forma integral o a través de un referéndum.

El seguimiento administrativo de estas propuestas, documentado por el ministerio de la Transición ecológica, ha puesto de manifiesto una discrepancia significativa entre las recomendaciones formuladas y las decisiones efectivamente adoptadas. El seguimiento mide el avance administrativo, no el efecto real sobre las emisiones. Esta discrepancia alimenta un debate recurrente: una asamblea ciudadana sin poder vinculante corre el riesgo de permanecer consultiva.

Bélgica ofrece un contrapunto interesante, con dos fórmulas distintas:

  • En la Comunidad de habla alemana, un Consejo ciudadano permanente elige los temas sometidos a las asambleas seleccionadas al azar y asegura el seguimiento de sus recomendaciones. Este dispositivo responde a una pregunta a menudo descuidada: ¿quién verifica lo que sucede con las propuestas después de la deliberación?
  • En Bruselas, comisiones deliberativas híbridas asocian a ciudadanos seleccionados al azar y a parlamentarios elegidos. Las recomendaciones son luego examinadas en el marco parlamentario, lo que crea un vínculo directo entre la deliberación ciudadana y el proceso legislativo.
  • Estos dos modelos belgas se distinguen de las convenciones puntuales por su inscripción en la duración y su articulación con las instituciones existentes.

Efectos medidos en los participantes del sorteo

Un estudio sobre asambleas ciudadanas gubernamentales organizadas en 2024 y 2025 reporta efectos concretos en las personas seleccionadas al azar. Los participantes muestran un aumento en sus conocimientos políticos sobre el tema tratado y otorgan mayor importancia a la temática después de la deliberación.

El estudio también señala una evolución en la relación con las instituciones: los participantes desarrollan un sentimiento creciente de que las instituciones pueden integrar la voz ciudadana. Este resultado matiza la idea de que los paneles seleccionados al azar solo sirven para legitimar decisiones ya tomadas.

Estos efectos permanecen circunscritos a los propios participantes. La cuestión de la difusión hacia el resto de la población, que no ha vivido la deliberación, sigue abierta. Un panel de unas pocas decenas o cientos de personas no modifica mecánicamente la percepción colectiva de la democracia.

Limitaciones estructurales de la democracia por sorteo

El sorteo no elimina las asimetrías de competencia. Los participantes llegan con niveles de familiaridad muy diferentes frente a los expedientes técnicos, y la calidad de la deliberación depende en gran medida del encuadre inicial: elección de los expertos escuchados, formulación de las preguntas, duración otorgada a los intercambios.

El encuadre de la deliberación influye directamente en las recomendaciones producidas. Quien define la agenda ejerce un poder considerable sobre el resultado. Este problema, común a toda forma de consulta, adquiere una dimensión particular cuando los participantes no han elegido estar allí y descubren el tema.

La cuestión de la responsabilidad política también se plantea. Un elegido rinde cuentas en la siguiente elección. Un ciudadano seleccionado al azar, por definición, no se presenta. Esta ausencia de mandato renovable complica la atribución de responsabilidades si una recomendación produce efectos negativos.

Joven leyendo un documento sobre la democracia participativa con una urna de sorteo en una terraza

Los dispositivos más avanzados, como el de la Comunidad de habla alemana belga, intentan resolver este problema mediante la permanencia: el Consejo ciudadano asegura una continuidad institucional que las convenciones puntuales no garantizan. El sorteo funciona mejor como complemento articulado a las instituciones electivas que como sustituto. Las experimentaciones en curso, desde el modelo bruselense hasta las asambleas climáticas, delinean un espacio donde la selección aleatoria enriquece el debate democrático sin pretender reemplazarlo.

La democracia por sorteo: una alternativa ciudadana por descubrir